La fundación que conecta naturaleza con producción: “Hay más superficie protegida en manos privadas que en todo Parques Nacionales”

Por Lorena Direnzo
«Los ambientalismos siempre pensaron que con el sector productivo no podía hacerse nada interesante. Siempre se lo miró de la vereda de enfrente y nadie lo evaluó por preconceptos». El biólogo Alejandro Brown inició, 25 años atrás, un camino que jamás imaginó daría sus frutos. Fundó ProYungas, una organización ambientalista, con la idea de incidir sobre políticas públicas y decisiones privadas. «En ese momento no pensé cuánto podríamos crecer. Sabía que había una veta interesante y hoy puedo decir que esta veta no tiene techo», lanzó.
Mucho tiempo atrás, a través de una beca del Conicet, Alejandro estudiaba los primates en el norte del país. Cuando se doctoró en Ciencias Naturales, decidió radicarse en Tucumán para estar más cerca de los sitios de interés laboral.
La Universidad de Tucumán cuenta con la reserva San Javier, de unas 14 mil hectáreas, muy cerca de la ciudad y dispone de un barrio de 30 casas. Allí vivió Alejandro por 17 años. «Durante muchos años trabajé con los monos en la selva hasta que un día me di cuenta de que uno trabaja en un área protegida que se mantiene inalterable, mientras alrededor se producen cambios. Espacios que eran bosques o selvas pasan a ser cultivos, las ciudades crecen. Y la pregunta que me hacía era: ¿de qué manera lo que investigo sirve para fortalecer la conservación de lo que estudio?».
Caña de Azur en Jujuy
Brown sentía una dicotomía entre la información -producto de la investigación- y su incidencia en la sociedad. «Eso me rayaba bastante como biólogo, sentía que trabajaba para una burbuja. Parecía como un sacrilegio meterse con la sociedad.  Por eso armé ProYungas, para tener libertad de acción», recalcó.

El conflicto con un gasoducto, el punto de partida

Todo comenzó con las denuncias ante el proyecto para construir el gasoducto Norandino que atravesaría una zona de yungas (selvas de montaña en el noroeste argentino), desde Orán hasta Chile, una zona de alto valor en diversidad. Continuó con una sísmica petrolera que también pretendía explotar un área de yungas. Siguió un ingenio azucarero que anunciaba la expansión de la caña de azúcar.
En todos los casos, los proyectos se llevaron a cabo y desde Proyungas impulsaron su concreción. “Nuestra doctrina no es frenar la actividad sino hacerla de tal manera que se generen acciones concretas de preservación», comentó Brown. En el caso del gasoducto Norandino se desmontaron 70 mil hectáreas, pero la empresa compensó con alrededor de 20 mil hectáreas para áreas protegidas. En parte, fueron a Parques Nacionales para la reserva nacional El Nogalar de los Toldos, y otra parte al Parque Provincial Laguna Pintascayo en Salta.
Se realiza monitoreo de fauna
La sísmica se hizo en la reserva salteña de Acambuco y se sumaron lotes fiscales aledaños, cuadruplicando la superficie original que era de 8 mil hectáreas aproximadamente.
En tanto, el ingenio azucarero comprometió la preservación de 100 mil hectáreas de selva a la conservación (una superficie equivalente a cinco veces la ciudad de Buenos Aires). En este caso, se incluía el monitoreo de fauna que ha arrojado como resultado la presencia de 32 especies amenazadas, como el yaguareté y otros felinos.
De esta forma, la Fundación ProYungas puso en marcha el programa Paisaje Protegido Productivo que cuenta con financiamiento de la Unión Europea. Actualmente, hay 40 empresas bajo este proyecto que ya logró 3 millones de hectáreas. La mitad son espacios de «producción intensiva y la otra mitad, son espacios silvestres». «Si en Argentina, tenemos 40 millones de hectáreas en producción intensiva, por lo menos, tenemos una cantidad similar en conservación», se enorgulleció.
Las claves para Brown en el diálogo con el privado son: honestidad, humildad y seguridad.
El programa puso en marcha cinco líneas de trabajo: la planificación territorial, un monitoreo socioambiental de la biodiversidad -para saber qué valores se mantienen en el tiempo y si hay cambios, a qué se deben-, las buenas prácticas de ese monitoreo, la comunicación y la generación de alianzas territoriales.
En Argentina, las yungas abarcan tres millones de hectáreas, pero junto con la selva misionera, contienen el 50% de la biodiversidad del país. En estas áreas, se concentran grandes empresas agroindustriales.
«Lo que aprendí en todos esos años es que había mucho espacio para negociar y generar acciones concretas de conservación. Hoy, hay más superficie protegida en manos del sector privado en Argentina que todo el sistema de Parques Nacionales. Ese es un valor que desconocemos», indicó.

La necesidad de generar un marco de confianza

ProYungas logró alianzas con ingenios azucareros, empresas forestales, de ganado, granos, algodón, arroz, yerba mate, te y muchas otras. ¿Cómo logra el acuerdo con los privados? Brown insistió en la necesidad de avanzar «con honestidad, humildad y seguridad».
Cámara trampa
«Nuestro objetivo es generar un marco de confianza. De esta forma, el otro no piensa que sos un lobo con piel de codero que lo va a tocar. Ve a una persona razonable con la que puede charlar. Ahí se abre un camino de construcción», evaluó. Consideró que hoy, «se llegó a tener 3 millones de hectáreas porque los productores hablan con muchos otros, trasladan sus experiencia y de esa forma, se van sumando actores».
Cuando se conformó ProYungas, el trabajo comenzó en el norte argentino. Poco a poco, se fue expandiendo hasta abarcar a diez provincias (el 30% del territorio del país donde está el 80% de la biodiversidad). Luego, se sumaron Chile, Paraguay y Bolivia. Hoy, se avanza en proyectos en Uruguay y Colombia como así también en la Patagonia. Brown ya mantuvo algunos encuentros con productores ganaderos ovinos de Tierra del Fuego y está presente en Bariloche, a través de The Nature Conservancy, en la Estancia Fortín Chacabuco.
«Tenemos que lograr que el sector productivo lleve la bandera ambiental así como ya tiene la de la calidad. Y se logra trabajando con ellos, entendiéndolos. Ya de por sí, producir en Argentina no es fácil:  hay crisis, conflictos, variabilidad climática. Argentina existe gracias al sector productivo. Si no, ya hubiera sucumbido desde hace rato. Y eso lo ignoramos», concluyó.
Un tapir detectado por el monitoreo de fauna

El sector productivo, un aliado en la conservación de la naturaleza


Los integrantes de ProYungas realizan una travesía natural cada año. Cruzan algún espacio silvestre, ya sea caminando o en un bote. El año pasado, para celebrar los 25 años de la fundación, cruzaron la frontera con Chile, por el norte, hasta las Cataratas de Iguazú. La travesía de 3.000 kilómetros tomó cuatro meses y medio.
«Lo que me sorprendió es que, desde que salimos del Altiplano hasta las Cataratas, transcurrimos casi todo el viaje por ambientes silvestres. Si miramos la estadística, Argentina está entre los 10 primeros productores del mundo en carne, soja, maíz, miel, yerba mate, té. Y lo hacemos manteniendo la naturaleza”, resaltó.
Recordó que hoy más del 90% de la población vive en ciudades en Argentina y por lo tanto, prima «una mirada bucólica de la naturaleza» y «miran con espanto al sector que produce». «Usamos la naturaleza para esparcimiento y no entendemos el mundo de la producción. Hay que vincular esos espacios», consideró.